DESPOTISMO

Ismael García C.

Según el ranking Democracy Index 2010 publicado por la consultora Economist Intelligence Unit, más de 2.000 millones de personas, en más de 55 países viven sometidas a un solo partido o a la voluntad de un dictador no puede ejercer sus derechos fundamentales.

Julio César, para muchos fue el primer dictador democrático de la historia con el respaldo de un amplio sector de la población. Robespierre traicionó los ideales de la revolución francesa y se convirtió casi en un jefe místico-religioso.

Los aliados triunfantes en la primera guerra mundial exigieron que Alemania pagara unas onerosas reparaciones, además las restricciones comerciales le dificultaban la exportación a las empresas alemanas. Los aranceles europeos incrementaron de manera exorbitante y el gobierno alemán declaró el incumplimiento de reparaciones. Casi 90 por ciento del presupuesto del gobierno alemán mantenía a una burocracia enorme, programas sociales y empresas estatales deficitarias. A fines de 1923, la recaudación fiscal solo cubría un 1,3 por ciento del presupuesto alemán. Muchos depósitos bancarios quedaron sin valor. Los propietarios no recuperaban sus costos. Las librerías, los museos, las artes y las investigaciones científicas se vieron afectadas.

Hitler se unió al Partido de Trabajadores que, en febrero de 1920, denominaron Partido Nacional Socialista de Trabajadores (NSDAP, por sus siglas en alemán), más tarde abreviado a Nazi.

Hitler reclutó unos 50.000 Nazis, el 8 de noviembre de 1923 incluso intentó un golpe de estado que fracasó y fue encarcelado. Escribió sus memorias en su libro Mi batalla.

Durante la Gran Depresión Hitler incrementó su poder, pues a mayor desempleo tuvo más votos para los Nazis. Dos organizaciones Nazis paramilitares, la S.A. y la S.S., atacaban a sus opositores. El 30 de enero de 1933 Hitler llegó a ser canciller de Alemania y concentró poderes ilimitados, estableciendo un control estatal de la propiedad privada y trabajo forzado para uno y otro sexo.

El régimen de Franco surgió tras un golpe y la guerra, lo apoyó la jerarquía militar y amplios sectores de la derecha de ideología católico-conservadora. Pinochet se impuso tras un golpe de estado militar que beneficiaba a los capitalistas.

De acuerdo con el estadounidense John Gunther, autor de libros sobre los regímenes totalitarios, “todos los dictadores son anormales. La mayoría de ellos son neuróticos”. Le atribuyen personalidad bipolar a Adolfo Hitler, paranoia y complejos, que le llevaron a cometer crímenes atroces, purgas étnicas y que arrastraron su pueblo a guerras suicidas.

Jerrold Post, director del programa de Psicología Política de la Universidad George Washington sostiene que a menudo muchos dictadores sufren patologías borderline, es decir que se encuentran en la frontera entre neurosis y psicosis.

James Fallon, neurocientífico de la Universidad de California, destaca que los dictadores carismáticos, son mentirosos, manipuladores, de gran retentiva, abusivos, simuladores.

Nassir Ghaemi, director del programa de desórdenes mentales en la Tufts University Medical Center y autor del libro Una locura de primera clase, considera que la depresión convierte a los líderes en personas más empáticas y que las manías les hacen más creativos y con más resiliencia.

Según Carl Jung, los dictadores siguen dos patrones: el de jefe tribal (como Mussolini) y el de brujo o chamán (como Hitler). “Millones de hombres se han rebelado contra su padre y sin embargo no han llegado a ser dictadores. Los dictadores tienen que encontrarse con condiciones adecuadas para producir la dictadura. Mussolini llegó cuando su país estaba en el caos, la clase obrera era incontrolable y había la amenaza del bolchevismo. Creo que los diferentes dictadores tienen poco en común”, declaró el psicoanalista hace años en una entrevista.

A finales de los sesenta el psicólogo Gustav Bychowski publicó el libro Psicología de los dictadores (ed. Horme), en el que refiere que:

“La obediencia y la sumisión ciegas a una autoridad autodesignada son posibles únicamente cuando el pueblo se siente debilitado… y renuncia a la crítica y a la independencia… … Creen en las promesas del líder, pues le atribuyen omnisciencia y casi omnipotencia.” Los discípulos le dan al dictador apoyo material y moral, tienen fe en él, se identifican con sus ideas y sus emociones.

En tiempos de debilidad, la sociedad acepta menos libertad a cambio de seguridad. Los dictadores manipulan, encantan, hacen campaña electoral permanente, al terminar la crisis, ellos siguen en el poder creando crisis artificiales, enemigos internos o externos o teorías del complot.

La dictadura tiende a negar la democracia, suspende las elecciones libres, proscribe algunos partidos políticos, el dictador se impone militarmente, viola los derechos humanos, niega la separación de poderes, controla los medios de comunicación, militariza y hay culto a la personalidad del líder. El proyecto del dictador no responde a un ideal político, sino a menudo militar para mantenerse en la cúspide del Estado.

En el siglo XVII surgió la noción política de despotismo ilustrado, con monarquías absolutas que incluían los preceptos filosóficos de la ilustración e intentaron enriquecer la cultura de sus pueblos mediante prácticas paternalistas, por lo que se los conoce como déspotas benevolentes. Durante el siglo XVIII se mantuvo este tipo de gobierno y se hizo popular la frase “todo por el pueblo, pero sin el pueblo”, siendo muy famosos los reinados de Carlos III y de José I.

El concepto de despotismo hace referencia al abuso de poder o de la fuerza que un individuo o un grupo ejercen contra otros en inferioridad de condiciones. El concepto se utiliza para referirse a la autoridad absoluta, la cual no se encuentra limitada por las leyes. En la actualidad el término despotismo se utiliza más con un sentido negativo, en referencia a organizaciones gubernamentales no democráticas como las dictaduras que se mantienen en un poder absoluto atemorizando a los ciudadanos, porque no existen oponentes o porque los reprimen.

Coloquialmente el adjetivo déspota se utiliza para caracterizar a alguien con algún poder y que lo usa sin importar los derechos y necesidades de los demás. Los sectores opositores llaman déspotas a los gobiernos que abusan de su estadía en el poder y promulgan medidas de beneficio propio.

Iñaki Pinuel, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y experto en acoso laboral, establece analogías entre el comportamiento arbitrario de los jefes de empresa y altos cargos políticos. Según sus investigaciones, “entre el 8 y el 13% de la población mundial es psicópata. Y estos sujetos corresponden a tres perfiles: trepas, narcisistas y maquiavélicos. Pero no siempre obtienen su resultado con coacción y miedo: manipulan, fascinan, mienten y se perpetúan en el poder gracias a su carisma. …cuanto más suben en la escala social, más paranoicos se convierten”.

Hay que evitar el despilfarro, los impuestos crecientes, las guerras, la inflación y las crisis económicas. No hay una manera segura de prevenir que personas malas o incompetentes obtengan poder; un sistema político con una separación de poderes, equilibrada dificulta que un poder del Estado domine a las otros; los derechos y libertades humanas deben ser defendidos, porque en todas partes los gobiernos buscan más poder y nunca renuncian a éste.
Santa Ana, El Salvador, sábado 30 de abril de 2017.

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Jorge Ismael García Corleto es escritor, presidente de la Asociación GATO para las Artes y la Cultura, licenciado en Psicología, y en Educación y master en Educación Superior; trabaja en la docencia en el Centro Escolar INSA y en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador, en Santa Ana.